martes, 21 de septiembre de 2010

En la trinchera

Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí agazapada, llena de barro, encogida y sosteniendo mi fusil. La guerra comenzó hace mucho y no hay noticias que indiquen que esto va a terminar en algún momento. Las balas silban en mis oídos constantemente y apenas dan un respiro para recoger los pedazos de los que van cayendo. De vez en cuando, un misil cae a escasos metros de la trinchera en la que me encuentro; el enemigo sabe dónde estoy y quiere alcanzarme pero por suerte, sus armas no llegan hasta mí.

Estoy cansada de esta guerra de trinchera. Estoy cansada de mantenerme escondida y en silencio mientras no dejan de atacarme y de enviarme noticias desalentadores acerca de esta lucha. Soy una guerrera pero también soy humana, y mi paciencia tiene un límite. Mis músculos están en tensión por la constante vigilancia pero mi superior no me permite defenderme, porque sabe que no sólo perderé la vida en el intento, sino que perderemos también la guerra.

La soledad de la trinchera me hace plantearme si esta táctica absolutamente pasiva merece la pena y si no es necesario hacer un cambio de planes y pasar a la acción de una vez por todas... perder esta batalla no tendría por qué significar perder la guerra entera...

Mientras tanto, yo cumplo órdenes.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Un beso

El roce de sus manos en su cintura y el embriagador olor que desprendía su cuerpo aturdían sus sentidos. Jamás había estado tan cerca de nadie y sentía que ni siquiera tenía la necesidad de respirar mientras él la tuviera entre sus brazos. ¿Qué más podía haber en el mundo que ella necesitara aparte de sus manos, su cuerpo, sus labios, su mirada? Mantenía los ojos entrecerrados, contemplando su piel, respirando imperceptiblemente para escuchar los latidos de su corazón, esperando que él se acercase un poco más.

Notaba su respiración sobre sus labios y su corazón reaccionaba acelerando su ritmo, como apremiándole a que la besara de una vez, impaciente por poder fundirse con él en un abrazo caliente, intenso, palpitante. Sintió el pequeño roce de sus labios como un chispazo que fuese el adelanto a toda una descarga eléctrica. Sus dedos presionaron suavemente su cintura, pulsando resortes que extendieron un ligero temblor en todo su cuerpo y exhaló un suave gemido de súplica.

Por fin, sus labios se posaron sobre los suyos, muy despacio al principio, presionando un poco más cada segundo, hasta que la punta de su lengua se abrió paso dentro de su boca y ella se dejó devorar, absolutamente entregada a él, lánguida entre sus brazos, acariciando sus cabellos... hasta que perdió prácticamente la conciencia de sí misma...

Entonces, súbitamente él desapareció y ella abrió los ojos, desconcertada, aún con su sabor presente en sus labios, observando atónita el espacio vacío que había quedado entre sus brazos, y se dio cuenta de que era inalcanzable, de que nunca podría retenerlo, pero que a pesar de todo, volvería a esperar el momento en que decidiese regresar junto a ella para volver a rendirse ante su presencia.