miércoles, 24 de junio de 2009

La Reina de Mármol ha vuelto

He vuelto.

Hace unas semanas, me retiré para dar paso a la Niña de Caramelo, pero en vista de que simplemente le has dado un mordisco que la ha deformado y luego la has abandonado, he decidido que volveré a esconderla y daré la cara por ella. Sólo tenías que lamerla suavemente, no hacía falta comportarse de una manera tan indigna y desconsiderada... Tardaré días, semanas, incluso meses en lograr recomponerla. Y no pienso dejar que veas sus lágrimas de azúcar.

Ahora tienes frente a tí a la Reina de Mármol. Mi semblante no se altera ante tu presencia o ante tu ausencia, mi voz no tiembla con tus palabras, mis manos no ansían tocarte... Te miro desde mi pedestal, ya no hay nada que puedas hacer para llegar hasta mí porque estoy llena de desconfianza y de rencor. Pocas cosas me importan ya en esta vida y desde luego tú ya no eres una de ellas, porque has hecho daño a mi Niña y ella no se lo merece.

Atrévete conmigo. Soy fría y dura.

martes, 23 de junio de 2009

Risas

Risas. Risas burlonas a mi alrededor. Me tapo los oídos y corro por largos pasillos oscuros, me golpeo contra las paredes porque en mi desesperada huida no miro por dónde voy. Les grito que se callen, lloro y suplico pero siguen ahí. Se burlan y su sonido me rasga el alma, hace mella en mi corazón.

Busco una salida, necesito aire fresco porque empiezo a ahogarme. Por fin, distingo algo de luz pero proviene de un ventanal que está demasiado alto y no logro alcanzarlo. Las risas aumentan ante mis esfuerzos de llegar hasta el aire y la luz.

Finalmente, me dejo caer en el suelo y siento que mi piel palidece y se seca. Intento llorar pero ya no puedo, quiero gritar pero no me sale la voz. Me dejo consumir poco a poco. Y en ese instante, las risas cesan y sólo escucho una voz que susurra en mi oído:

- Siempre estarás sola.

Y de nuevo una cruel carcajada rebota entre esas frías paredes.

miércoles, 17 de junio de 2009

La cabaña

En la oscuridad del bosque, contemplo la puerta de tu cabaña, la que me acabas de cerrar a cal y canto en pleno rostro. Alzo la mano para golpearla una vez más, pero sé que no aparecerás, sé que estás ahí dentro, en la oscuridad, y que ya no quieres mi ayuda ni mi compañía. Miro a mi alrededor, donde todo es oscuridad y sé que debo continuar mi camino como siempre lo he hecho. El instante de luz que hubo a través del denso follaje de los árboles gracias a tu presencia ha durado muy poco y apenas me ha servido de consuelo.

Me giro dando la espalda a tu cabaña, con las mejillas inundadas en lágrimas al cerciorarme de que el sueño terminó, y en ese momento, distingo vida enmedio de la oscuridad, entre los árboles y arbustos. Un pequeño grupo de animales me observa: una serpiente de Irlanda, un cuervo de Austria y un pajarito de la Rioja me están esperando, así que me acerco a ellos sin miedo y al tiempo que me dejo caer a los pies de un fuerte roble, siento que me rodean y me dan el calor que necesito...

martes, 2 de junio de 2009

Un hada oscura

Ven. Acércate. Tus ojos tristes me rompen el corazón. Quiero iluminar tu mirada y necesito que me permitas estar a tu lado. Te refugias en tus dioses mientras yo les pido a los míos que cuiden por tí. Si coges mi mano, podré enseñarte la belleza del arco iris, el consuelo de la lluvia en el rostro, la serenidad del silencio de la noche, la alegría de una mariquita en una hoja de hierbabuena...

No puedo resolver tus problemas, mi magia no consiste en eso, no soy tan poderosa, pero puedo intentar que veas el camino, que empieces a darte cuenta de que todo puede mejorar, de que siempre hay algo hermoso por lo que vivir, por lo que sonreir, por lo que luchar... Rezaré en mi altar por tu felicidad, quemaré incienso por tu alegría, encenderé velas para iluminar tu vida... si me dejas.

Me quedaré agazapada aquí, en un rincón, y velaré por tí como un hada oscura que no molesta, que es invisible, pero que siempre está ahí aunque no la veas. De vez en cuando, te susurraré palabras de consuelo al oído para que puedas dormir y cuando estés dormido, acariciaré tu cuello y besaré tu mejilla para que sonrías en sueños. Y por la mañana, sentirás que el peso de tu alma es más liviano y yo volveré a mi rincón, feliz por hacerte sonreir.

Y cuando quieras que desaparezca, sólo tendrás que decir que ya no crees en mí...

viernes, 22 de mayo de 2009

El lobo

Hace tiempo que camino con los ojos entornados y la mirada fija en el suelo. Ya no espero nada interesante, siempre me acompañan las mismas ratas de siempre. Me muerden los talones con insistencia, esperando que les dé alguna migaja pero no quiero alimentarlas. Que busquen otro sitio donde alimentarse, yo ya me cansé de darles comida para que acaben mordiéndome las puntas de los dedos con avidez. Siempre quieren más.

Camino por un sendero seco y árido mientras sobre mi cabeza se forman nubes de tormenta que oscurecen mi camino. Miro hacia ellas, esperando a que comiencen a descargar su refrescante lluvia sobre mí para que arrastre mi pesar. Cierro los ojos mientras mi rostro se empapa y me dejo caer en el suelo, sumida en la desesperanza y la soledad, en la rutina y el hastío.

En ese momento, las ratas que me acompañan huyen. Miro hacia el frente y me encuentro de cara con un lobo al que parece no importarle la lluvia. Entre sus patas juegan dos pequeños lobeznos, que se refugian del agua poniéndose bajo su progenitor. Me acerco a ellos y los cubro con mis brazos para protegerlos. No me dan miedo. ¿Me aceptarán como una más en la manada? ¿Seré capaz de cuidar de todos ellos?

domingo, 22 de febrero de 2009

El martillo

Ya no podía soportarlo más. Llevaba días y días tratando de escapar, de esconderse. Lo mismo subía al monte más alto hasta sentir que el viento helado le cortaba el rostro, como se metía en lo más profundo de una húmeda cueva donde se sentía como un niño en el útero materno. Había pasado tardes en casa, con las cortinas echadas, para no ver a nadie y que nadie la viera, y había frecuentado los pubs nocturnos de moda con sus mejores galas, donde todos la miraban por su resplandor.
Había callado sus penas y tormentos, y los había detallado a todo el que se había cruzado en su camino. Había ignorado las imágenes que acudían a su cabeza y las había estudiado minuciosamente.
Pero todo había sido inútil. El pasado, cual telaraña húmeda, sucia y constante, la acompañaba allá donde fuera y no la dejaba ni a sol ni a sombra. Su corazón se encogía de congoja cuando en los momentos más inesperados volvía a sonar en su cabeza una voz, aparecían ante la vista de su memoria unos ojos, rememoraba su piel el tacto de otra piel...

Aquella tarde, tuvo una nueva idea, algo que no había intentado aún. Cogió la primera herramienta que encontró y la miró fijamente. Un martillo viejo, con el mango de madera, pero lo suficientemente firme como para poder ayudarla. Agarrándolo con las dos manos, descargó un fuerte golpe sobre su propia cabeza. Lo último que vio fueron algunas gotas de sangre salpicando el suelo frente a ella.

Mientras tanto, el sol, para no ver aquella escena, aquel intento inútil de olvidar, se ocultaba tras las montañas echado en un suave manto de luz rosada.

lunes, 16 de febrero de 2009

Un nido ocupado

Camino descalza por un suelo pedregoso, pero apenas siento las heridas que los filos de las piedras hacen en las blancas plantas de mis pies porque estoy demasiado ocupada intentando evitar los picotazos de los buitres que pululan a mi alrededor, esperando a que caiga desfallecida.
Llevo tanto tiempo evitándolos que ya se ha convertido en una costumbre el agitar constantemente las manos para que sus grotescos picos no se enreden en mis cabellos. En el pasado los recibí con amabilidad, pensando que me comprenderían, pero sólo me sirvió para que tomasen confianza y ahora no me los quito de encima.
Elevo la mirada y entre sus oscuras y sucias alas vislumbro un águila inmensa, hermosa, elegante, que parada sobre el pico de una montaña mira al horizonte ajena al revoloteo de los buitres bajo el que me encuentro. ¿Qué tal sería cambiar a los buitres por aquel águila silencioso y bello? Junto a ella, veo un nido bien acomodado, limpio, que recoge los fríos vientos que peinan la montaña. Una sonrisa aparece en mi rostro y mis ojos se iluminan por primera vez en mucho tiempo. ¡Cuán confortable ha de ser acurrucarse en ese nido y ser cubierta por esas alas inmensas, enormes!
Llego hasta el pie de la montaña sin prestar atención a los buitres, que me siguen acosando con sus picos sucios y bastos. Apoyo las puntas de mis dedos en la piedra para tratar de escalar hacia el nido pero cuando elevo la mirada una vez más, veo que el nido está ocupado por un ave hermosa. El águila se gira hacia ella y frotan sus picos con cariño. Es obvio que no hay sitio para mí.
Me alejo de la montaña y sigo mi camino, mientras los buitres, satisfechos por mi derrota y mi decepción, continúan molestándose y enredándose en mis cabellos.