sábado, 20 de noviembre de 2010

Anhelo

La congoja se desliza por mis mejillas ruborizadas en forma de pequeñas lágrimas perezosas, brillantes, sentidas, nostálgicas. Los suspiros se escapan entre mis labios, recién nacidos en el nudo que me aprisiona la garganta.

Mi mano se cierra en busca de otra mano a la que aferrarse. Mi corazón palpita alterado por una veloz arritmia, desconcertado por la ausencia de alguien por quien latir. Mi cuerpo se siente inútil, pues no encuentra otro cuerpo que le dé calor.

Te echo de menos. No sé quién eres. Nunca he visto tu cara. Tampoco he escuchado tu voz. Pero te echo de menos y quiero que estés aquí conmigo.

Cuando un cabrón se muere...

Cuando un pajarito se cae de un árbol y muere aplastado contra el asfalto... ¿deja de ser un pajarito?


Cuando un perro muere atropellado en la carretera... ¿deja de ser un perro?


Cuando un gato muere asfixiado por los humos del motor del coche en el que se ha escondido... ¿deja de ser un gato?


¿Y por qué cuando un cabrón muere, deja de ser un cabrón?

jueves, 18 de noviembre de 2010

Bajo tierra

Gris, ceniza, humo. Polvo, metal, ruido.
Caras asimétricas, miradas perdidas, labios llenos de amargura.

Murmullos que se extienden a través del calor de máquinas y cuerpos.
Susurros. Juicios de un segundo, críticas, decisiones.

El indio que canta, el niño que llora, el hombre que no cede su asiento, las chicas que ríen, el trabajador que duerme.

El chirrido de las ruedas metálicas en las vías como canción de cuna de los que están cansados de vivir, de luchar, de sobrevivir.

¡Cuánto tiempo atrapados bajo tierra, cuánto tiempo entre extraños, cuánto tiempo sentada, en pie, subiendo, bajando, entrando y saliendo!

martes, 21 de septiembre de 2010

En la trinchera

Ya no sé cuánto tiempo llevo aquí agazapada, llena de barro, encogida y sosteniendo mi fusil. La guerra comenzó hace mucho y no hay noticias que indiquen que esto va a terminar en algún momento. Las balas silban en mis oídos constantemente y apenas dan un respiro para recoger los pedazos de los que van cayendo. De vez en cuando, un misil cae a escasos metros de la trinchera en la que me encuentro; el enemigo sabe dónde estoy y quiere alcanzarme pero por suerte, sus armas no llegan hasta mí.

Estoy cansada de esta guerra de trinchera. Estoy cansada de mantenerme escondida y en silencio mientras no dejan de atacarme y de enviarme noticias desalentadores acerca de esta lucha. Soy una guerrera pero también soy humana, y mi paciencia tiene un límite. Mis músculos están en tensión por la constante vigilancia pero mi superior no me permite defenderme, porque sabe que no sólo perderé la vida en el intento, sino que perderemos también la guerra.

La soledad de la trinchera me hace plantearme si esta táctica absolutamente pasiva merece la pena y si no es necesario hacer un cambio de planes y pasar a la acción de una vez por todas... perder esta batalla no tendría por qué significar perder la guerra entera...

Mientras tanto, yo cumplo órdenes.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Un beso

El roce de sus manos en su cintura y el embriagador olor que desprendía su cuerpo aturdían sus sentidos. Jamás había estado tan cerca de nadie y sentía que ni siquiera tenía la necesidad de respirar mientras él la tuviera entre sus brazos. ¿Qué más podía haber en el mundo que ella necesitara aparte de sus manos, su cuerpo, sus labios, su mirada? Mantenía los ojos entrecerrados, contemplando su piel, respirando imperceptiblemente para escuchar los latidos de su corazón, esperando que él se acercase un poco más.

Notaba su respiración sobre sus labios y su corazón reaccionaba acelerando su ritmo, como apremiándole a que la besara de una vez, impaciente por poder fundirse con él en un abrazo caliente, intenso, palpitante. Sintió el pequeño roce de sus labios como un chispazo que fuese el adelanto a toda una descarga eléctrica. Sus dedos presionaron suavemente su cintura, pulsando resortes que extendieron un ligero temblor en todo su cuerpo y exhaló un suave gemido de súplica.

Por fin, sus labios se posaron sobre los suyos, muy despacio al principio, presionando un poco más cada segundo, hasta que la punta de su lengua se abrió paso dentro de su boca y ella se dejó devorar, absolutamente entregada a él, lánguida entre sus brazos, acariciando sus cabellos... hasta que perdió prácticamente la conciencia de sí misma...

Entonces, súbitamente él desapareció y ella abrió los ojos, desconcertada, aún con su sabor presente en sus labios, observando atónita el espacio vacío que había quedado entre sus brazos, y se dio cuenta de que era inalcanzable, de que nunca podría retenerlo, pero que a pesar de todo, volvería a esperar el momento en que decidiese regresar junto a ella para volver a rendirse ante su presencia.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Ideas

Esto no es nuevo para mí pero hace tanto tiempo que las ideas no me golpean con tanta fuerza que me encuentro tumbada sobre un colchón de plumas de oca, mirando hacia el cielo despejado que se abre ante mis ojos sorprendidos y maravillados, dejándome sacudir por la inspiración, por las ideas... Veo atisbos de hace mucho, mucho tiempo, en los que era mi estado natural, y sonrío. Vaya...

La Niña de Caramelo asoma detrás de mí y me sopla en la mejilla. Ya sé lo que quiere. Quiere que la deje salir y moverse con libertad, pero me da un poco de miedo. La última vez que la dejé salir, la partieron en dos y decidí que la conservaría para mí pero hace meses de eso... La sonrío y ella deja escapar una carcajada de pura felicidad.

Cierro los ojos y sonrío mientras ella salta entre las nubes, riendo, cazando ideas y tejiéndolas para darles un sentido...

domingo, 17 de enero de 2010

La caída del gigante

Siempre he sido un gigante. Apenas recuerdo aquellos tiempos pasados en los que se me consideraba un recién nacido, un niño, un joven... He visto pasar épocas y gentes cuyas vidas son cortas comparadas con el tiempo que llevo yo sobre la Tierra. A mis pies se han besado los enamorados, han jugado los niños, han paseado los ancianos... y yo los he observado, siempre inmutable, siempre silencioso, testigo mudo de acciones y reacciones, de secretos y de alegrías...

He visto reyes y presidentes, he visto el abandono y la ruina de todo lo que me rodeaba. He soportado lluvia, nieve, sol... incluso golpes y el maltrato de aquellos que no ven más allá de sus narices. Me han mirado con admiración e indiferencia, me han tratado como a un servivo con alma y espíritu, me han considerado un dato estadístico...

Pero el fin llega cuando menos lo esperamos y a veces de nada sirve la fortaleza y el orgullo. La fuerte ventisca nocturna que no ha podido con otros más jovenes, inexpertos y débiles ha podido conmigo y ahora permanezco en el suelo, derribado e indefenso, esperando la muerte definitiva.

Muchos vienen a ver mi cadáver aún lleno de savia. La mayoría de ellos no sabía de mi existencia hasta que he caído y ahora vienen, me miran, me fotografían, e incluso hay quien quiere un pedazo de mí. Siento su compasión y escucho voces hablando de mi fortaleza, de las increíbles dimensiones de mi cuerpo, pero sé que su lástima es efímera y cuando pasenunas horas, sólo seré una anécdota más que se olvidará poco a poco...

Ya nadie se preocupa por un árbol caído...

En memoria del Cedro del Líbano caído en el Real Jardín Botánico de Madrid el 15 de enero de 2010