lunes, 10 de noviembre de 2008

La oscuridad

Se acerca el invierno y con él, el manto de oscuridad y frío que cubrirá el mundo durante algunos meses. A casi nadie le gusta el invierno, ni el frío, ni los tempranos atardeces. ¿Por qué? ¿Tenemos miedo de vernos obligados a refugiarnos en nosotros mismos, en nuestras vidas, en nuestros hogares? ¿Tenemos miedo de no tener nada que hacer fuera y que eso nos fuerce a reflexionar acerca de nuestro interior?
En primavera, en verano, la gente se lanza a las calles. Sale, va a tomar algo, de vacaciones, a la piscina, de excursión, a parques de atracciones... Se divierten, piensan en dónde comerán, en qué harán al día siguiente, en hacerse fotos, en quedar con gente...
Pero llega el otoño y el invierno y la gente se deprime. Parece que hay que quedarse en casa, que ya no podemos entretener a la mente con otras cosas, y a la gente no le gusta darse cuenta de en qué consiste su vida, en lo que tiene a su alrededor. Creo que es una de las razones por las que el invierno no cae bien a casi nadie.

Por suerte, ése no es mi problema. Quizá soy optimista pero adoro el otoño y el invierno. Son períodos de oscuridad, de letargo, de descanso, en los que para mí precisamente la parte buena es que puedes reflexionar. Y si tu vida no te gusta, es el momento de darte cuenta de ello y prepararte para cambiarlo. Es el momento de hacer balance, de desechar lo malo, de acoger lo bueno. ¿Será que la gente no tiene espíritu de lucha, de cambio, de mejora? ¿Será que, una vez más, mi punto de vista es diferente al de la mayoría de las personas?

domingo, 31 de agosto de 2008

La decepción

Las experiencias, los momentos vividos, los instantes compartidos, tantas conversaciones teleónicas, risas, llantos, reflexiones acerca de la vida... todo ello había ido formando un castillo de naipes en mi corazón que me hacía sentir una gran tranquilidad: siempre tendría a alguien que no me fallaría, que me conocía como a palma de su mano, alguien en quien podría confiar pasara lo que pasara...
¿Adivináis, vosotros que leéis? Sí, efectivamente, ese castillo de naipes tan hermoso, que parecía tan estable, en realidad era frágil, tan frágil, que el trabajo de tres años en levantarlo se ha derrumbado en tan sólo unas horas... Y ahora aquí estoy, arrodillada en el suelo de mi corazón, mirando desolada esos naipes desperdigados, en cuyas láminas puedo ver momentos pasados junto a tí, todos esos buenos recuerdos que ahora simplemente son cartas en el suelo. No han podido aguantar el impulso del gran error que has cometido.
No quiero decirte adiós, no quiero pronunciar esa palabra, parece que lo que no se menciona, no existe, pero eso es un error.
No he llorado. Ni estoy enfadada. El sentimiento es mucho más complejo que todo eso. La decepción, el asombro y quizá la incredulidad se van extendiendo por mi desolado corazón y poco a poco voy comprendiendo una vez más que no hay que confiar al cien por cien en nadie. Cuando más confias, más dura es la caída. ¿Cuántos golpes más necesitaré antes de asumirlo?

domingo, 20 de abril de 2008

Lluvia

Desde mi ventana, veo nubes esponjosas de color gris que se mueven lentas y perezosas sobre las copas de los árboles, que parecen saludarlas desde abajo. Anuncian lluvia, desde luego, pero las espero con una sonrisa, hay personas que les ponen mala cara pero a mí me encanta verlas llegar. ¡Nunca sabes cuándo empezarán a caer las primeras gotas! Y es tan divertido sentir una gotita fresca en la punta de la nariz, luego otra en la mejilla, hasta que al final tienes que acelerar el paso y refugiarte en un portal, escuchando esa dulce música que es el agua fresca sobre la tierra de los jardines, gotas estallando contra el asfalto, todo brillando, limpio y reluciente...
Luego todo se calma de nuevo y un rayo de sol nos anuncia que tenemos un tiempo de descanso para correr a casa y observar el cielo a través de los cristales.

viernes, 28 de marzo de 2008

En las nubes

Tumbada sobre negros nubarrones de tormenta, dejo que mis dedos colgantes se enganchen en jirones de fría y húmeda niebla mientras decido qué hacer con todo lo que me rodea, conmigo misma. ¿He de arrojarme al abismo que veo al fondo y terminar con todo? ¿O mejor me dedico a juguetear con los rayos y centellas que chispean a mi alrededor, esperando que los lance hacia abajo?
Cuidado, soy la diosa de la tormenta y estoy hastiada del mundo, hoy quizá suene un trueno encima de tu cabeza y sea el anuncio de tu inminente destrucción.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Oveja negra

No me importa ser la oveja negra así que dejad ya de repetirlo porque no me hacéis daño en lo más mínimo. Vosotras, tiernas ovejitas blancas, podéis seguir pastando en vuestra amplia pradera verde llena de florecillas de colores mientras el sol de la ignorancia y la simplicidad os ilumina. Yo, la fea y silenciosa oveja negra, iré a probar suerte a aquella cueva húmeda y oscura que hay en lo alto. Quizá caiga barranco abajo o quizá halle en su interior un preciado tesoro lleno de sabiduría y serenidad; da igual, a ninguna de vosotras os va a importar y hace tiempo que ya no escucho las palabras de ningún pastor, por mucho que de vez en cuando quiera asustarme con sus perros.

sábado, 15 de marzo de 2008

Una tarde solitaria

Me gustaría vivir en el mundo de hadas en el que está el resto de la gente. Quisiera tener ganas de sonreirle al sol en primavera, de corretear por el campo, de jugar bajo una manguera que salpique agua fresca, de ponerme un vestido de colores y unas gafas de sol y recorrer la ciudad...
Pero la verdad es que en mi mundo siempre llueve y a veces truena. No tengo ganas de sonreir. Nunca me peino y bebó té amargo en grandes tazas viejas mientras cruzo los pies encima de la mesa y contemplo los nubarrones de fuera. Nadie viene a verme nunca porque mi torreón es demasiado difícil de alcanzar. ¿Alguien quiere atravesar mi oscuro jardín para tocar la puerta de mi casa?

miércoles, 12 de marzo de 2008

La selva

¡Por favor, que alguien me deje salir de aquí! Los comentarios me atrapan, las palabras envenenadas y llenas de envidia trepan por mis pies y me afianzan a un terreno pantanoso en el que me voy hundiendo por el peso de mi ingenuidad. Elevo los ojos implorando ver el cielo azul y despejado pero sólo me encuentro con los rostros impasibles de los que ven que penetro lentamente en el cieno de la confianza y no hacen nada por ayudarme.
Me vengaré de todos vosotros. Estoy viendo vuestras manos mancillando mis enmarañados cabellos mientras me empujáis hacia el fondo, siento las puntas de vuestros dedos entrando en mis ojos, me apretáis las mejillas con vuestras garras para que no pueda gritar y pedir ayuda.
Está bien. Dejo de moverme y me hundo, me hundo en el fondo de la oscuridad de vuestros corazones. Pero lo que no sabéis mientras os alejáis entre risotadas de orgullo es que resurgiré del fondo de todo ese barro maloliente y que os perseguiré uno a uno, me presentaré ante vosotros cubierta de tierra y agua estancada y os asfixiaré lentamente. Tan sólo esperad.