lunes, 28 de diciembre de 2009

Tormenta

Mis carcajadas dementes resuenan en el cielo gris mientras lanzo rayos fulminantes a todo aquel que se me antoja. Mis cabellos lacios y negros están mojados por la lluvia que los nubarrones que conforman mi morada arrojan sobre mí y sobre el mundo. Hay viento, hace frío y todo está húmedo y oscuro... ¿No os creíais tan valientes? ¿Por qué os ocultáis, por qué nadie me enfrenta en campo abierto? Vuestra actitud cobarde me hace sentir más ganas de destruiros...

Me detengo unos instantes y miro hacia abajo con la respiración agitada. La lluvia comienza a inundar vuestras vidas y mi aliento gélido os hace estremecer. Nunca creísteis que fuese capaz de descargar tal cantidad de energía destructiva sobre vosotros, siempre pensásteis que me limitaría a flotar en silencio sobre una nube gris...

Os equivocásteis y me subestimásteis. Ahora mi furia se ha desatado y nadie sabe cuándo cesará.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Retorno

Mis pasos resuenan en el espacio vacío del mundo. Hago eco en cada oído atento, los pájaros emprenden el vuelo a mi paso, los árboles elevan sus ramas para dejarme pasar. Los que me han herido, los que me han ofendido, los que se saben culpables, tiemblan cuando ven mi sombra, cuando escuchan mi respiración, cuando huelen el aroma de mis cabellos...

Sonrío con ferocidad y unos enormes colmillos de loba brillan en la oscuridad al reflejo de la luna creciente. Mis pupilas reflejan el brillo negro de las alas de los cuervos que me acompañan, ansiosos por comenzar a devorar esos ojos que una vez me miraron con desprecio y burla...

La diosa de la tormenta ha vuelto y señala con su única y larga uña negra a todos aquellos que van a caer al abismo que hay a sus pies.

viernes, 4 de diciembre de 2009

SALIR

He perdido la cuenta de los días, semanas, meses, años, siglos que llevo arrastrándome aquí dentro. El olor a putrefacción ya se ha convertido en algo cotidiano, la humedad casi es hasta reconfortante y las ratas se han convertido en silenciosos testigos de mi deambular por los túneles oscuros, a veces anchos, a veces estrechos, pero siempre llenos de inmundicia.

No camino con mis piernas, sino que me arrastro haciendo impulso con los brazos, dejando tras de mí el leve rastro de sangre que dejan mis rodillas despellejadas. Mis cabellos han crecido, caen frente a mi rostro y rozan el suelo sucio. Estoy pálida por la falta de luz y escuálida por la escasa alimentación... el odio no engorda...

De repente, un día veo una luz brillante que me obliga a entornar los ojos. Mi primer instinto es alejarme, como hacen las ratas y yo he aprendido de ellas, pero después, poco a poco, me arrastro hacia esa marca luminosa en el suelo, y pongo mi mano sobre ella. Es cálida...

Miro hacia arriba y veo una escalera que conduce a una salida, por la que entra el rayo de sol. ¿Qué debo hacer? ¿Permanecer aquí abajo, sola, en un entorno hostil, consumiéndome en mí misma? ¿O sería mejor intentar encontrar otro modo de vivir? Mi corazón me impulsa hacia arriba, parece hasta dar saltos hacia la luz...

Lentamente me incorporo hasta que me agarro a las escaleras y subo lentamente, escurriéndome a veces, dejando atrás la suciedad, la inmundicia y la oscuridad, mientras me acerco a la luz y al calor que me deslumbran. ¿Qué voy a encontrarme cuando llegue arriba?

lunes, 23 de noviembre de 2009

Flores rojas

Sentía que mis mejillas ardían y cada vez creía más la furia en mi interior. Deseaba sacar de mi toda la violencia que estaba generando y tenía la sensación de que un chorro de fuego me saldría del centro de la frente en cualquier momento. Mi mirada mostraba el cabreo generalizado que sentía y empezaba a darme cuenta de que la gente me miraba con extrañeza así que decidí dejar que el aire frío del otoño me diese en la cara para ver si me relajaba.

Salí al exterior y mi piel se vio aliviada ante el descenso de temperatura, aunque miraba sin mirar y hablaba a la gente sin prestar atención, ignorando incluso las hojas amarillas de los castaños de Indias que caían a mi alrededor, pisando la hojarasca sin prestar atención al crujido que producía el peso de mi pie sobre ella.

Entonces, de repente sentí algo en mi mano derecho. Miré y ví a una niña de unos dos o tres años, china, con dos coletas, que había introducido su manita entre mis dedos y me agarraba con suavidad y confianza. Me sonrió, mostrando sus dientecitos blancos y aún irregulares, y me dijo con voz aguda:

- Quiero flores rojas.

La sonreí e hice realidad su deseo.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Violencia

Tengo ganas de golpear y de hacer daño, quiero coger a alguien por el cuello y apretar mientras le miro a los ojos y veo cómo muere lentamente. Tengo ganas de verter sangre, de oir gritos de dolor, tengo ganas de darme baños de sangre como hacía la condesa Bathory en las soledades de su castillo.

Quiero empalar como Vlad Dracul, quiero despedazar como Jack el Destripador, quiero comer carne humana como Hannibal Lecter...

Quiero que me tengas miedo, que me mires a los ojos y tiembles, que escuches mi voz y llores de dolor, que oigas mi nombre y tengas ganas de salir corriendo.

Quiero tener el poder de provocarte MIEDO.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Inquietud

Un hormigueo me recorre la piel y siento como si tuviera algo dentro de mí que lucha por salir. Me balanceo en la silla, abro y cierro los dedos de las manos y de los pies, me paso la mano por el pelo y noto esa sensación entre los ojos que aún no logro describir ni mucho menos comprender...

Tengo ganas de gritar, de dar golpes, de llorar, de insultar y de rabiar a lo grande; ¿debería hacerlo? Está claro que no debo dejarme llevar de una manera tan visceral, tengo que aprender a controlar estas sensaciones porque si no, me volveré loca.

Hoy me siento enfadada. Estoy enfadada y cansada de todo en general, es uno de esos días en los que quisiera mandarlo todo a la mierda y quedarme sola en el mundo, estar sola en casa, pasear sola por las calles, contemplar sola el atardecer... hasta que llegue la noche y me corte las venas para dejarme morir felizmente al tiempo que la luna brilla en el cielo nocturno...

viernes, 20 de noviembre de 2009

Apariencias

La verdad es que no sirve de nada preocuparse por las cosas porque todo es superficial, da igual lo trascendentales que nos creamos. Hay algo latente en el fondo de todo, de la vida, del mundo, algo que gime y se queja, y es algo tan olvidado que sólo algunos lo sentimos, a pesar de que compartimos la misma esencia. Todo es energía, todos compartimos lo mismo y lo tenemos en común con cada árbol, con cada piedra, cada montaña y cada mar pero ya no importa. Y no es que la gente pase de ello o que no se preocupe, es que no es consciente, no lo nota ni lo siente, porque cada vez nos cubrimos de más apariencia y superficialidad, todo es materialismo y trivialidad y el auténtico centro de todo no existe para nadie.

El alma de la vida está perdiendo fuelle porque cada vez nos importa a menos personas. Creemos que lo podemos suplir todo con posesiones materiales, con poder y no es así; en realidad, todo está vacío, todo el mundo, todas las personas... todo está vacío y nada tiene sentido. ¿Qué es lo verdaderamente importa en la vida, en el mundo, en la existencia pura de todo lo que conocemos? Ya lo hemos olvidado porque su nombre se ha perdido, se ha borrado en el tiempo porque ya nadie lo pronunciaba y ahora ya no podemos recuperarlo.

Seguid pensando que vuestra vida está plena, seguid pensando que lo mejor es comer como cerdos, dormir como perros, trabajar como mulos, follar como monos... Ójala fuésemos verdaderamente como los animales... ellos aún no han olvidado porque siguen en el mismo nivel en el que estábamos nosotros antes de que nos empezaran a corromper el dinero, las ganas de poder, antes de que se nos comenzaran a imponer tabúes y actitudes por parte de la sociedad, antes de que nadie viniera a decir qué era el bien y qué era el mal...

Nos hemos convertido en algo tan artificial como el ordenador que uso para escribir esto...