Primero, un súbito estallido rojo, que se vuelve anaranjado, que se funde en negro.
Después, el negro se agita, se llena de estrellas, de pequeñas chispas amarillas.
Por último, el ojo se abre a duras penas, el párpado luchando con su propia hinchazón mientras la pupila es invadida por la luz blanca del fluorescente de la cocina. Un ángulo extraño: las juntas de las baldosas, las patas de la mesa, esos zapatos tipo ejecutivo..., todo en diagonal.
Ahora vuelve el rojo, seguido del morado, y otra vez el negro.
La hemorragia de colores provoca confusión y se acompaña de un dolor sordo e invasivo. Por encima del arco iris de crueldad, se escucha una voz.
- Que sea la última vez que no tienes la cena preparada.